La familia Rothschild ha sido durante siglos una de las más ricas y poderosas del planeta, tanto que llegó a quitar y poner gobiernos o a provocar guerras; como no, son banqueros de ascendencia judía. Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando Amschel Moses Bauer, judío, montó una tienda de cambio de dinero en el barrio judío de Frankfurt, donde comenzó a obtener beneficios con el simple negocio de cambiar monedas extranjeras por las locales, lo que sería una base para el posterior imperio formado por su hijo. Y fue su hijo el que camufló el apellido de la familia, hebreo, por Rothschield, que en alemán significa escudo (
schild) rojo (
roth), ya que en la puerta de la casa familiar estaba representado el
escudo de Frankfurt, rojo.
Este mismo hijo, llamado Mayer Amschel Rothschild, trabajó en un banco y fundó un negocio para coleccionistas de monedas raras, lo que le acercó a la corte del príncipe
Guillermo I, donde probablemente iniciase sus contactos con la masonería y los Illuminati, que ascenderían a la familia a niveles más altos de la sociedad. Con una fortuna considerable y contactos de sociedades secretas en toda Europa, Mayer tuvo diez hijos, y envió a sus cinco varones a distintas ciudades europeas, a las que dominaban los mercados financieros de la época: Frankfurt (de donde son originarios), Londres, París, Viena y Nápoles.
Cada uno de ellos tenía un papel, y comenzaron a hacer fortuna por su cuenta, prestando dinero a los gobiernos de los distintos países y sobretodo enriqueciéndose con las guerras. Una anécdota que lo ejemplifica muy bien fue lo que hizo Nathan Mayer Rothschild, el enviado a Londres y que prestaba dinero a la mismísima corona británica. Durante las guerras napoleónicas, en concreto la batalla de Waterloo (Bélgica, 1815) entre Napoleón y las tropas británicas comandadas por el Duque de Wellington, Nathan se acercó en persona al campo de batalla, ya que había invertido mucho dinero en financiar al bando británico. Cuando vio que su ejército iba ganando, corrió de vuelta a la bolsa de Londres, donde vendió todas sus acciones. Los otros inversores, que sabían de dónde venía Nathan y que había financiado al ejército inglés, interpretaron que Napoleón había ganado, por lo que corrieron a vender sus acciones. Con la bolsa londinense por los suelos, Nathan Mayer Rothschild compró todas las acciones que pudo, y cuando se supo el resultado de la batalla, la victoria del bando inglés, su precio subió como la espuma, convirtiéndose él en el hombre más rico del país.
Sería otro Rothschild quien conoció y acogió en su casa a Carl Marx, y que posteriormente financiaría la Revolución Rusa. De esta manera tenían inversiones tanto en el bloque capitalista como en el comunista, en aparencia antagónicos, para que pasase lo que pasase siempre saliesen ganando. La utilidad de estas inversiones se vio muy bien en la II Guerra Mundial, cuando el bando capitalista y el comunista se aliaron para derrocar a Hitler, que había visto el poder de las familias de banqueros judíos en Alemania. Con hechos como éstos los cinco hermanos crearon enormes fortunas en toda Europa, por lo que financiaban todas las guerras del continente, apostando cada uno por un bando, por lo que siempre ganaban (lema de los Illuminati: gane quien gane, nosotros vencemos). Han sido un modelo a seguir por las distintas fortunas judías hasta el punto de que un Rothschild aparece en
determinados billetes israelíes. Financiaron e influyeron en la creación del Israel, y además impulsaron y ayudaron a otras familias, pertenecientes a las mismas sociedades secretas, como los Rockefeller o los Morgan (fundadores de J.P. Morgan, uno de los bancos más importantes del mundo). En el
artículo en la Wikipedia en Inglés sobre la familia Rothschild se puede ver la gran cantidad de palacios que pertenecen a esta familia.