Antes de comenzar, debemos repasar qué significa centralismo y federalismo: el
centralismo es la forma de gobierno básica, en la que un país tiene un único gobierno, que acumula todas las competencias, y una serie de administraciones menores, como regiones, diputaciones o ayuntamientos, encargadas de la atención específica de cada municipio. El
federalismo, sin embargo, está basado en un gobierno central con una serie de competencias y varios gobiernos regionales con otras tantas competencias, aparte de otros organismos como los ya nombrados anteriormente. Esta forma de gobierno tiene sentido en dos casos: en países grandes, como EE.UU. (veinte veces más grande que España), formados por regiones geográficamente distintas entre sí, o para formar países, como Alemania, consistente en más de veinte países hasta su unificación en el siglo XIX, por lo que parece lógico que cada uno de los estados que lo formaron conservasen algo de su autonomía. Resta decir que España no cumple ninguna de las dos condiciones, pero sin embargo es un estado federal
de facto, por mucho que lo niegue UPyD, formado por 17 estados,
länders o autonomías, con competencias tan básicas como la sanidad o educación, y también está bastante claro que no ha funcionado.
1479-1700: Federalismo, Habsburgos, reinos y virreinatos
Tras la unión de los Reyes Católicos y finalización de la Reconquista, en España existían dos modelos de gobierno: el centralismo castellano y el federalismo aragonés. Mientras que Castilla (a la que se anexionó Navarra en 1515 tras su conquista en 1512) constituía un solo reino con unas solas cortes, Aragón era una "corona", una especie de federación primitiva dividida en Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca (actuales Islas Baleares), cada región con su parlamento propio. Las sucesivas incorporaciones de reinos, como Portugal, Nápoles y Sicilia, y virreinatos, como las tierras conquistadas en América, propiciaron que España se convirtiese en una federación de distintos reinos, pero con un solo rey. Ésta era la forma de gobernar típica alemana y austro-húngara, que heredamos a través de la familia real, que por aquel entonces eran los Habsburgo.
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| Batalla de Almansa, Guerra de Sucesión Española |
1700-1978: Centralismo, Borbones y Guerra de Sucesión
En 1700 cambió radicalmente la situación: muere sin descendencia directa Carlos II, último monarca Habsburgo de España, por lo que comienza una guerra de sucesión entre los Habsgurgo y los Borbones, que apoyaban a su heredero legítimo, el futuro Felipe V. Esta guerra fue más que una simple guerra civil, fue el conflicto que probablemente haya cambiado más a España, si bien menos de la mitad de los españoles lo conocen. Castilla apoyó a Felipe V debido a que fue este reino el que se encargó exclusivamente de la conquista de América, del Benelux y de las guerras contra los protestantes, por lo que la idea del centralismo conllevaba implícitamente que la carga de España se repartiría entre las demás regiones. La antigua corona de Aragón, sin embargo, apoyaba el federalismo alemán que representaba el Archiduque Carlos de Habsburgo y que les propiciaba más autonomía y menor obligación a la hora de pagar impuestos. Ganó Felipe V y tras la promulgación de los Decretos de Nueva Planta en 1715 España pasó a tener un sistema centralista similar al francés en el cual todos los españoles tenían los mismos derechos y deberes independientemente de la región en la que viviesen, y que duraría hasta 1978 con algunas interrupciones detalladas a continuación.
Intentos de federalismo: Carlismo, repúblicas y autonomías
Tras la Guerra de Sucesión, los seguidores de los Habsburgo y su federalismo alemán no habían muerto, estaban en coma. Armaron tres guerras, en 1833, 1846 y 1872; perdieron las tres, pero como resultado consiguieron la creación de los
fueros navarros (que más tarde se extenderían a las Vascongadas), semilla de las diferencias legislativas entre regiones españolas. Y sería un hijo de carlistas,
Sabino Arana, el fundador del
independentismo vasco.
En España, mal que les pese a algunos, república es sinónimo de mala gestión, corta duración y florecimiento de los separatismos periféricos. Así es que en 1873 llegó la I República, duró once meses, tuvo siete gobiernos y hubo un intento de dividir España en cantones (regiones administrativas de tamaño similar a las comarcas pero con soberanía casi completa), durante el cual el cantón de Cartagena proclamó su independencia de España, y dentro de Cartagena un barrio de la ciudad proclamó su independencia del cantón recién independizado.
Durante la II República, que esta vez duró cinco años, tuvo tres gobiernos y terminó en la Guerra Civil, el mismo día que se proclamó en Madrid la susodicha república en Barcelona se autoproclamó la República Catalana, claro ejemplo de hacia dónde se quería llegar. España vivió la situación más desnivelada de su historia, en la que unas regiones disfrutaban de ser autonomías, mientras que el resto del país no.
Tras 1978 volvió el federalismo a España, esta vez en forma de autonomías, y cualquiera puede ver la situación actual que vive España de división y endeudamiento, un país en el que los alumnos de una región llevan un retraso de año y medio sobre los de otra (
#fuente). Nos vendieron que la federación autonómica era igualdad y progreso, pero la lógica se impuso y es justamente lo contrario. Ya sabéis,
la unión hace la fuerza; divide y vencerás.